La Sombra del Viento

Esta vez, dejaré a un lado los poemas emocionales para dejar un comentario sobre el libro que acabo de leer: La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón.

Primero, y como referencia a las personas que me conocen diré que este libro lo he leído en dos tardes de fin de semana. Y no es que tenga mucho tiempo libre, sino que la historia me ha envuelto tanto que simplemente no podía parar de leer.

El libro comienza con un extraño viaje místico al Cementerio de los Libros Perdidos, que rápidamente se torna en toda una historia de misterio, tratando de desentrañar la verdadera historia del escritor Julían Carax, que tiempo atrás ha desaparecido. Daniel, intrigado por saber el paradero del autor de la magnifica obra que ha encontrado por casualidad, pasa su juventud en su búsqueda, pero sin dejar de vivir aquellos momentos de la vida inevitables, como el primer enamoramiento. La historia se va complicando poco a poco, cuando personajes dispersos en la historia comienzan a entrelazar sus vidas ya sea en el pasado o en el presente.

Una historia de libros, de misterio, suspenso, amistad, perseverancia pero sobre todo, de amores; una historia que nos enseña que todo objeto tiene su historia detrás, que nos alenta a luchar por aquello que creemos y deseamos, pues no hay más límite que el que nosotros mismos nos ponemos a causa de nuestros miedos.

La Feria

La Feria (Juan José Arreola) es uno de esos libros que he pasado toda mi vida tratando de evitar.
Lo vi una y otra vez en el librero pero siempre seguí de largo buscando algo más que leer, dado que no me parecían especialmente atractivos el nombre ni la portada roja y plana.

Para mí, es uno de esos libros que solo en un día ocioso me da por tomar del librero y hojear. Revisé el extracto en la contraportada y me pareció divertido. Así, ansioso por llegar a esa parte empecé a leer…

Al principio, sentí extraño el ir leyendo ideas aparentemente aisladas. Me fue difícil armar el escenario mental donde colocar las situaciones relatadas en el libro. Pero, eventualmente comencé a navegar libremente por el pueblo de  El Zapotlán (el verdadero protagonista de la historia), saltando de la mente de una persona  a la de otra; acompañándoles en su vida por unos segundos, unos minutos o unos días, según el caso.

Conforme avancé en el libro, me encontré habitando el pueblo a manera de un fantasma o ánima que vaga de casa en casa escuchando sus conversaciones, aprendiendo las costumbres y hasta sus expresiones.

Cuando te acercas al final del libro, me había empapado tanto de los habitantes del pueblo que me costaba creer que solo quedaban unas cuantas páginas más.

Siendo mis lecturas predilectas de terror, ciencia ficción fatalista y similares; llegué a temer al final.
No podía imaginar como se podía terminar una historia que habla sobre todo un pueblo. ¿Acaso un nuevo terremoto acabaría con todos los habitantes? ¿El gran castillo de fuegos artificiales fallaría e incendiaria la población completa?

Pero no ocurre un final fatal. Y a pesar de que se han concluido varias de las historias de las personas del pueblo, muchas más quedan abiertas a un “¿que pasará después?” quedando el libro en un infinito e incierto “continuará”. Si sólo dijesen que pasa con Maria Helena y su poeta enamorado…

“A cada Chayo le llega su Odilón y a cada Concha de Fierro, su torero.”