Ellen

Le vi caer herida por mi causa. No quise mostrar mi verdadera identidad y no pude protegerla.
Mirándola ahora en su cama de hospital, terriblemente lesionada y casi al borde de la muerte, me pregunto si este secreto vale tanto como la vida de la mujer que amo.
No. No lo vale.
Entro en estado de meditación para comunicarme con los que habitan en mí.
– Es peligroso, la materia oscura esta diseñada para contener a miles de almas pero sólo una de ellas puede dominar. –
– Aunque le cedieras parte de tu poder, la materia oscura es una y sólo una. Los dos estarían unidos por siempre, como siameses tratando de separarse. –
– Es sólo una humana y si le das el poder a la fuerza no sabemos como vaya a reaccionar a la simbiosis –
– Lo intentaré de todos modos –

Coloqué mis manos alrededor de su cuerpo, cubriéndola con un cálido abrazo al mismo tiempo que la materia oscura se iba separando de mi cuerpo y deslizándose sobre el de ella, formando un tenebroso capullo negro.
Momentos después, ella estaba retorciéndose de dolor dentro de la cubierta viscosa. Empezaba a perder sus sistemas biológicos que eran reemplazados por símiles de materia oscura.
– Estoy contigo. Trato de ayudarte – Le susurré mientras la mantenía entre mis brazos.
La transformación terminó pronto y ella se despertó sobresaltada. No podía controlar su cuerpo que, aunque mantenía la figura general humana, por instantes alargaba sus brazos o deformaba su rostro perdiendo su forma normal.

Ellen me miró asustada.
– ¿Que me has hecho? –
– Te salvé la vida –
La cargué como pude, y rompiendo el vidrio de la habitación del hospital salté hacia fuera. Usando mi experiencia en columpiarme por los edificios creando con la materia oscura cadenas negras o alas para planear; me alejé de la zona urbana con Ellen en mis brazos.

– ¿Qué me esta pasando? – preguntó asustada
– Discúlpame por no decírtelo antes, Ellen, pero esta es mi verdadera identidad –

Le mostré la apariencia que solía mostrar cuando estaba en las calles, jugando al héroe. Un atuendo completamente negro que trababa de asimilarse a un atuendo ninja. El rostro cubierto por retazos de tela negra dejando solamente al descubierto dos ojos completamente blancos.
– Si, Ellen, yo soy al que llaman BlackMatter y ahora he compartido mi poder contigo para salvarte –
Ellen se quedó atónita y no supo que responder, mientras seguía luchando con el dolor inherente a la transformación.

Pasaron varios días antes de que Ellen se acostumbrara a la materia oscura. La mayor parte del tiempo mantenía su forma humana, por la costumbre.
Sin embargo, a pequeños arranques emocionales solía cambiar su aspecto de forma errática y muchas veces influenciada por las horrendas formas que yo mismo había hecho tomar a la materia oscura en ocasiones.

Seis meses pasaron antes de que Ellen controlara esos arranques por completo, y pudiera volver a casa.
Sin embargo, este tiempo fuera la había cambiado volviéndola fría, cabizbaja y silenciosa…
– Escucho voces en mi cabeza – me había dicho.
Por supuesto, eran esas miles o quizá millones de almas que habitaban la materia oscura, las almas con quienes se había sellado el pacto de asimilación, pero que ahora estaban confusas al tener dos almas predominantes en lugar de sólo una.

El destino es cruel y más aun cuando trata de evitarse.
No mucho tiempo después de volver a la ciudad, acudimos al cine. A la salida caminamos por los callejones, platicando de algún asunto sin importancia, cuando nos encontramos con el mismo demonio que la hubiera dejado moribunda meses atrás.
– Me sorprende verte… viva – exclamó burlonamente aquel repugnante ser
Sin responder, y sin dudar un instante, Ellen uso el poder de la materia oscura para lanzar un par de cadenas de sus manos, con las que aprisionó al demonio.
– Black…BlackMatter!! – tartamudeó asustado el demonio al verla transformarse.
– Ellen…- traté de tranquilizarla, pero no me escuchó. En un instante, sus manos se habían convertido en cuchillas que hacían pedazos el cuerpo del demonio a punta de puñetazos.
– ¡Ellen! –
Ellen me miro con los ojos inyectados en furia; y sin reconocerme se lanzó contra mí.
– ¡Tu me hiciste esto! – gritó encolerizada, con voz grave y monstruosa.
Mi experiencia me fue útil para detener y esquivar los ataques de Ellen mientras trataba, en vano, de hacerla entrar en razón.
La situación empeoró cuando traté de controlar su materia oscura con mi propia alma. Enloqueció por completo y, generando largas y extrañas extremidades de su cuerpo, comenzó a destruir todo a su alrededor mientras crecía de tamaño y tomaba formas cada vez más bizarras y horribles.
Sabía que Ellen no era más la que trataba de dominar ese pedazo de materia oscura. Eran esas almas dentro de ella las que buscaban tomar el control. Ellen no había sido lo suficientemente fuerte como para dominarlas.
Del pecho de aquel monstruoso ser negro se asomo el rostro humano de Ellen, empapado en lágrimas.
– Perdóname –
Solamente dijo esa palabra antes de que el rostro se separara del cuerpo, como si lo hubieron arrancado de su cráneo, y cayera en seco sobre el pavimento.
– Ellen… perdóname tú a mi… –
Entonces, expandí mi cuerpo de materia oscura lo más que pude, para cubrir a aquel ser. La lucha interna fue dura por mi confusión pero, como su legítimo controlador, el monstruo de materia oscura cedió y se unificó conmigo.
Así, la fragmentada alma de Ellen pasó a ser parte de las almas menores que me habitan.
Después de todo, seguiremos juntos por siempre.